ELENITAS

Virginia Benavides Avendaño

(Lima, Perú, 1976) Bachiller en literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Mediadora de lectura. Publicó el poemario Esxtrabismo (Chataro Editores, 2003), el poemario objeto Sueños de un bonzo (edición de autor, 2013), el micro poemario aeiou en formato giratorio (Amaru Cartonera, 2015). Recientemente se han publicado dos selecciones de sus poemas: Sienda (Vagón Azul Editores, Lima, 2018) y Zurcido Invisible (Andesgraund Editores. Chile, 2018). Ha publicado el poemario Ejercicios contra el Alzheimer (Andesgraund Editores, Chile, 2019), próximo a editarse en Perú. Ha participado en diversos encuentros literarios como ponente, performer y lectora.

Paladas de son idos para remasterizar la mañana, gárgaras de hielo que atemperen este incendio que cobijo, curitas para ser. Hay una interferencia, una ventana tapiada, un sol vencido, una lengua negra que guardo para mi colección de monstruos. No es que seamos malas. No es que seamos buenas. No es que seamos. Solo sabemos gritar mientras hacemos nuestro trabajo en este campo mental de desenterrar el sentido más ido. Una camisa de fuerza que arrulle, una luz desde mi frazada con agujeros como un vientre con ventanas. Esquizofrenia de esquirlas sin sentido en este accidente de luces.

Tómate las pastillas, dice mi madre. Quiero que duela y a escondidas las escupo.

IMÁGENES DE LA ENTERRADA

Y más he de huir de mi razón

De mi verdad bien servida

De mis brazos abrasivos

Y más he de encontrarme

La cruel. La que ama los rincones orillados. La victima de sí misma.

Cicatrices como lombrices vivas arrastran su fosforescencia en la memoria.

Dolor de la parturienta. Neuronas supurando detrás de la sutura.

Nacimiento de una idea abortada la víspera. La condenada y su re cuerdo

Muda vacía jirones de incendiadas palabras

Toda la soledad de ser perseguida por un rostro de trizada ave.

Toda la sensación de triturada lengua. Odas interiores que no salvan nada.

Destellos de incendio. Veladas imágenes que poseo.

Monstruosidades mías que no dan miedo.

Aletazos en la desesperación

Entrañas donde el corcel se pierde, Bosque encantado. Tan roja y cristal tus ramas, tus descensos. Todo enredado el pez boquea. Todo redada el pescador fosea. Anzuelos que tiendo mientras espero. Corcel hundiéndose en un mar de lágrimas que salpican tus hojas.

Entrañas para los perros.

Corazones disolviéndose en la cal de la fosa común

Todo es lo mismo. Oquedad de nuncas y siempres todo extremo en el centro es un despecho.

La garza o el equilibrista ciego a orillas del estanque o al filo de la cuerda.

Todo es lo mismo. Salvación del vacío: El deseo es siempre hambriento.

Ángeles caídos en la fuente de los deseos

Han llegado. Cometa o pájaro sus transfiguraciones. Rumor húmedo en el sexo, sus mutaciones. Han llegado. Tuvieron sed. Sus manos escarbaron las arenas.

Latidos de agua entre las dunas ¿han llegado?

Alas envejeciendo en la fuente riente hablan del tiempo. Las tardanzas.

El sonido: saltado de tímpano para la muerte

Come sordera. Oído al tañido desteñido. Yanta sordera.

Que liberen los golpes secos. El desliz de un cuchillo al cortar la lengua.

El rayo que incendia mi cuerpo de madera. Que respiren afonía todas las palabras. Mudanza de voces, Llanto yanta sordera

Marioneta catatónica besando el aire

Mi titiritero envejece. Se le enredan los hilos, se duerme en otro cielo, olvida cuidarme.

Muchas mañanas amanezco inerte, desesperada, mirando el cielo raso fijamente.

Cuando se habla de las palabras siempre los nudos son difíciles de desatar: Se demora el poema

                                                                                       ( inédito, 2005)

BOTELLA BORRACHA

Perdida

Como una cirugía para erradicar los sonidos de la agonía

Desvío mi trayectoria de bala en pistola de juguete

Porque nada es verdad pero tampoco mentira

En mi ciudad de manantiales habitada por un loco hidrofóbico

Donde arranco mis pasos de su piel alunada

Pervirtiendo la crisálida a ser seda en la danza

¿Qué camino lleva el caos disfrazado de mi cuerpo?

¿Qué rastro mudo agota la búsqueda de la palabra?

Vértigo amarillo, mediodía incendiado

En los espejos ahumados de los cuartos ambulantes

Donde no hay argumento ni sorpresa

Para mi extravío, mi flotación, mi perdición

Voy cosechando en el cemento fértil

Mi propia noción de cauce sin causa que navegar

Porque el río que buscamos nace en nosotros

Y se prolonga sin lastre metafórico en las palabras

Que nadan como peces en la nada universal

Aprendiz de pescadora que no sabe de anzuelos

Naufraga con balsa en las aguas del lenguaje

Avanzo, iluminada por mi ceguera

Estremecida como después de un electroshock

Girando como botella borracha mi boca manda

Acabar con el juego de las interrogantes

-¿Qué desborda y qué ahoga cuando el verso no berza?

-¿Qué mensaje guarda esta casa de vidrio blindado?

-¿Qué orbitas deambulan los ojos para crear la mirada?

-¿Qué precisión diamantina acecha la vena para llover la metáfora?

-¿Ciudad burbuja o nube de acero habita tu voz?

-¿Qué mano gira tu transparencia y la opaca?

En este juego… ¿quién responde?

                                                                  (de Exstrabismo, 2003)

Virginia Benavides, Lima, Perú

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